
Madrid. Estación de Atocha. Dos y media de la tarde. Un calor que derrite el asfalto, y como siempre, gran cola en la parada de taxis. Nosotros somos cinco, y tenemos que partirnos en dos taxis cuando finalmente nos llega el turno. Tres en uno y dos en otro. Me subo junto con dos más y le pido que siga al otro taxi. Se gira y me dice con acento raro...